Mi esposa y yo compramos un rancho by Matt Query & Harrison Query

Mi esposa y yo compramos un rancho by Matt Query & Harrison Query

autor:Matt Query & Harrison Query [Query, Matt & Query, Harrison]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Terror
editor: ePubLibre
publicado: 2022-07-26T00:00:00+00:00


17

Harry

—Maldita sea, Dan, pregúntamelo y ya está. Tantos rodeos terribles y agotadores para ver si te doy respuestas macabras a tus preguntas macabras. No me da miedo hablar de estas cosas, es solo que no voy a tocar el tema, así que tendrás que preguntarme.

—Joder, Harry, como no habíamos hablado de eso quise ir con tiento, como con un rifle nuevo, ¿sabes?

Me reí entre dientes y estiré la mano para coger otra cerveza. Estábamos en el pequeño pajar de Dan, admirando las vistas. Era sorprendente la manera en la que los diferentes tonos de verde del valle se veían remplazados por colores tostados y cafés a medida que el calor del verano asolaba la tierra. Dan y yo habíamos convertido nuestras sesiones de «cerveza en el pajar» en una actividad bastante frecuente. Mi vecino era un hombre inteligente y un pozo de sabiduría. Disfrutaba mucho conversando con él. En los días en los que sabía que estaba ocupado, aprovechaba su tiempo libre para ir a trabajar a mi casa.

Unas semanas antes llevó su tractor para ayudarme a excavar unas zanjas para el drenaje en el acceso de mi casa, nos regaló paja y pienso para las ovejas, rechazó mi oferta de pagarle en efectivo y me dijo que al final del año me diría cuánto le debía. Me decía: «Es bueno meterle algo de alfalfa a su dieta y yo tengo una bodega llena; Joanne las mantiene vivas alimentándolas con lo más barato, pero hay que consentirlas de vez en cuando».

Hasta me enseñó la mejor manera de reparar fugas en el irrigador que teníamos en todo el patio. Me llevó a la tienda de herramientas del pueblo para mostrarme el tamaño correcto de los conectores que tenía que comprar y luego me ayudó a arreglarlo. Era como… un padre, o al menos la primera figura paterna que tuve en la vida. Abrí mi cerveza cuando Dan por fin hizo la pregunta que había querido formularme hacía mucho.

—Entonces…, ¿mataste a alguien allí?

Terminé mi primer trago y asentí.

—Sí, a algunos tipos.

—Y… ¿cuántos fueron?

—Por lo menos cuatro, que vi morir cuando les disparé, pero no sé seguro si fueron más. Pude haber matado a más. No es tan claro como en las películas o como cuando le disparas al hombre de la persecución del oso. A veces sí es así, pero la mayoría de las ocasiones no. Uno de ellos le dispara al azar a nuestra patrulla, desde las alturas en la cresta de una montaña, una docena de los nuestros tirotean el lugar, lo encontramos muerto, pero nadie sabe quién lo derribó. O a veces piensas que acertaste un tiro con alguien y se cae, pero se levanta y se va corriendo; pudiste haber dado en el blanco, no haberlo tocado para nada o haberle agujereado el hígado y verlo huir para desangrarse en un campo de amapolas; no puedes estar seguro. Este tipo de cosas pasan en el combate.

Dan me miró un buen rato bajo la luz tenue de la tarde.

—Vaya, Harry.



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